En arquitectura, se entiende que un edificio está coronado cuando se ha llegado a su altura máxima, es decir, que se ha alcanzado la última planta. Ello no quiere decir que la edificación esté terminada, pero sí su estructura, su “esquelo”, por así decirlo. Tras la coronación, aún continúan las obras con la fachada, los sistemas eléctricos, mecánicos y de fontanería, y, en general, el interior de la construcción.
Para los constructores, tradicionalmente, la coronación es un ritual consistente en marcar la finalización de dicha estructura colocando sobre ella detalle o adorno, que normalmente es una bandera, un árbol decorado o una rama.
Aunque este rito sigue vigente en muchos países, entre ellos España, ha caído bastante en desuso. Aún así, algunas promotoras lo mantienen. En nuestro país suele usarse una bandera de España, aunque en lugares del Norte, como en Galicia, también se coronan los edificios con ramas de árboles, generalmente de laurel.
Orígenes de la tradición de la coronación de un edificio
En los países del norte de Europa, cuando las edificaciones se hacían de madera, coronar un edificio era un antiguo rito religioso, mediante el cual se colocaba un árbol en la cima de la nueva obra. El principal objetivo era apaciguar los espíritus de los árboles que fueron talados para la construcción. Este rito, que se comenzó en Escandinavia, llegó incluso a los Estados Unidos.
En el caso de España, la tradición comenzó en la Edad Media. En aquella época, las construcciones no tenían los avances y tecnología de hoy en día, por lo que los andamios no eran muy seguros para los obreros. Como el mayor enemigo de las construcciones, sobre todo de las altas, como catedrales, era el viento, surgió la idea de poner un pañuelo blanco en lo más alto de la edificación. Éste no solo media la intensidad del viento, si no también su dirección, lo cual ayudaba al capataz a dirigir los trabajos y reforzar, si fuera necesario, los andamios y la seguridad de los operarios.
De este modo, se trabajaba hasta llegar al último techo de la construcción. Cuando éste estaba finalizado, se procedía a poner una bandera en el lugar del pañuelo indicador, el cual, generalmente, se le daba al trabajador más joven del equipo. Si se daba el caso de que era también la primera obra de ese peón, le correspondía también colocar la bandera.
Ese rito confería un ambiente de confraternización, y significaba que la parte más complicada de la obra, su estructura, había finalizado. Pero para poder llevarlo a cabo era necesario que no hubiera ocurrido ningún accidente durante el proceso de construcción. Se solía celebrar con una barbacoa o comilona para los trabajadores, y éstos recibían, además, el resto del día libre.
La coronación de edificaciones en la actualidad
Tanto la comida como la propia tradición de la bandera ha ido perdiendo fuerza en España. Aún así, algunas promociones celebran la coronación, aunque ha tomado un cariz más solemne.
El fin de la estructura de una edificación es un hito, una manera de anunciar a los propietarios de que las obras marchan a buen ritmo. Muchas promotoras aprovechan para organizar eventos informativos y publicitarios en el momento de coronar el edificio. Es el caso de los proyectos más famosos, sobre todo en el ámbito de las edificaciones empresariales o grandes complejos residenciales.
Aunque la tradición marca que se haga cuando finaliza la estructura de la obra, hay casos en los que se celebra una vez que se remata completamente la edificación. Es el caso de la famosa Torre Intempo de Benidorm, en la cual tuvo lugar la ceremonia de la coronación con la bandera de España el pasado 2021, cuando el edificio ya estaba completamente terminado.
Edificios más altos de España
Actualmente, los cuatro edificios más altos de España se encuentran en Madrid, en el denominado Cuatro Torres Business Area (CTBA). Se construyeron sobre los terrenos que conformaban la antigua Ciudad Deportiva del Real Madrid.
Son, principalmente, edificios de oficinas, y forman parte del característico skyline de Madrid.
La Torre de Cristal, con 249 metros de altura, es el edificio más alto de España, y el cuarto de Europa. Su fachada está recubierta con 44.000 m2 de vidrio, lo que le da su nombre. Es propiedad de la Mutua Madrileña. Tras ella, el segundo puesto lo ocupa la Torre Cepsa, con 248,3 metros de altura.
El tercer puesto lo ocupa la Torre PwC, con 236 metros de altura. Además de oficinas, alberga el lujoso hotel Eurostars Madrid Tower. En cuarto lugar, está la Torre Espacio, con 224 metros de altura, que se compone de oficinas y algunas embajadas.
Fuera de la capital, concretamente en Benidorm, encontramos las dos siguientes construcciones más altas del país. Ostentando el quinto puesto, está la Torre InTempo, con 192 metros de altura. Esta edificación está compuesta por oficinas y viviendas de lujo. Tras ella, el Hotel Bali, con sus 186 metros de altura, ocupa el sexto lugar, pero tiene el orgullo de ocupar el primer puesto como hotel más alto de Europa. Una de las principales atracciones de este hotel es que cuenta con un ascensor exterior de cristal, por el cual podemos subir hasta la última planta contemplando el paisaje a nuestro alrededor.